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Pie de Foto: 

Cualquier trabajador suspendido de un arnés está en riesgo de morir.
  
Las caídas desde altura son una de las más importantes causas de mortalidad laboral, un aspecto que ha llamado la atención de empresas y gobiernos para disminuir las cifras de accidentalidad; con la normalización y estandarización de los equipos de protección contra caídas inició el auge del uso del arnés, lo que ha ido modificando progresivamente el panorama de morbilidad, materializándose cada vez con mayor frecuencia el escenario de tener un trabajador que ha caído desde altura sujeto a su equipo de protección contra caídas y suspendido en el vacío.

Partiendo de lo anterior, se hace evidente la necesidad de preparar a los equipos de primera respuesta, brigadas, personal médico de urgencias y a todo especialista en Seguridad y Salud en el Trabajo en el conocimiento de la biomecánica de la caída con arnés y las posibles lesiones asociadas a éste, al igual que su manejo inicial (un tema que muchas veces suele pasarse por alto). Aunque estas patologías y su abordaje no dejan de ser controversiales, progresivamente se han reunido evidencias científicas suficientes para tener claro el panorama con respecto a qué daños se presentan, generando información sólida que contribuye a desvirtuar diferentes creencias que suelen tenerse al respecto. 
 
Física  de la caída 

Si un trabajador de 70 kg  cae con su equipo de protección contra caídas, llevando una eslinga o conector estándar de 1,8 mts, con un anclaje adecuado, al momento de la detención (arresto) su cuerpo estará viajando a 21.6 km/h, la fuerza de impacto alcanzada será de 7.0 kN. 

Las lesiones producidas por la caída se originan por: 
 
  • Golpes del cuerpo en caída libre contra diferentes objetos y estructuras (pendulación), relacionados con el anclaje sobre el eje horizontal.  
  • Fuerza de frenado o detención del cuerpo (energía de arresto), relacionadas con el peso del trabajador y la altura de caída. 
  • Shock ortostático, relacionado con el tiempo de suspensión. 
 
La energía de detención de la caída libre con un arnés – energía de arresto- es transferida a la víctima a través de las correas del equipo durante la detención, la forma y cantidad de energía transmitida depende de factores como el tipo de arnés de seguridad, selección adecuada de la presión de las correas, la distancia de caída (longitud de la eslinga, altura de anclaje), el peso del trabajador, el uso o no de disipadores de energía.
 

Lesiones que pueden sufrirse

Como el riesgo para el trabajador no termina al ser detenido por el equipo, estás son las lesiones por detención que pueden presentarse:   

Trauma por  arnés 

Estudios sobre el tema han demostrado que el arnés de cuerpo entero sujeto por su argolla dorsal, proporciona la máxima resistencia a la fuerza de detención (arresto) de una caída, siempre y cuando, ésta se aplique al área pélvica, a través del eje central de la columna (este eje debe estar alineado) y en sentido ascendente, los equipos actuales son plenamente competentes para reducir la energía de arresto por debajo de los limites lesivos, siempre y cuando sean usados correctamente. 

Pruebas de suspensión y caída de cuerpos realizadas con múltiples diseños de arnés, conexiones y anclajes, concluyeron que la sujeción a la argolla dorsal es más segura para uso en trabajos rutinarios de detección de una caída desde alturas. Esta protección sufre detrimento cuando las correas se atan mal, pudiendo producir traumas contusos en zona genital y en clavícula. Lesiones inmediatas por la detención de la caída, principalmente en testículo, clavícula y cervical, compresión paquete neurovascular femoral, TEC, son daños que puede sufrir el trabajador.

Factores de riesgo que inciden en el trauma por arnés

•    Perdida del casco u otro EPP.
•    Uso inadecuado del arnés. 
•    Indicios de gran pendulación. 
•    Eslinga con punto de anclaje bajo.
•    Pérdida de la conciencia. 
•    No uso de amortiguadores.
•    Peso elevado (mayor a 90 Kgs).

Shock ortostático por suspensión 

Conocido también como Shock Hipovolémico por Secuestro, es un colapso o fracaso circulatorio sistémico generado por una reducción en la cantidad de sangre circulante por su acúmulo en las extremidades inferiores; este síndrome precisa de dos requisitos para su aparición: suspensión e inmovilidad en posición vertical sostenida. 

Este shock, investigado por primera vez cuando una misteriosa enfermedad cobró la vida de numerosos alpinistas, comenzó a ser explicado durante el Segundo Congreso Internacional de Médicos de Rescate en Montaña, celebrado en Austria en el año 1972, allí se dieron a conocer estudios realizados a una serie de personas que fallecieron tras quedar suspendidas; sugiriendo la hipótesis del colapso circulatorio e introduciendo el concepto de Shock Ortostático, luego de encontrar rastros de que estas muertes ocurrieron por hipoxia (deficiencia de oxígeno en la sangre, células y tejidos) sin un origen claro ni otro tipo de lesiones traumáticas asociadas, afirmaciones que desmienten la creencia de que el peligro de muerte termina cuando el equipo de detención de caídas ha hecho su trabajo.

Al evidenciarse los cambios morfológicos cardíacos durante la suspensión e inmovilidad sostenidas, se concluyó que desde los primeros ocho minutos se inician los síntomas, siendo muy variable el tiempo que tarda en aparecer el desmayo o pérdida de conciencia.   
 
 
Qué ocurre en el cuerpo

El “secuestro” periférico del volumen sanguíneo en el sistema venoso de los miembros inferiores, en una persona en posición vertical e inmóvil, se produce por la gravedad y la falta del efecto de “bomba” en los músculos que puede llegar hasta el 50% de su volemia (volumen total de sangre circulante en el cuerpo), pudiendo ser mayor si la inmovilidad es por suspensión en un arnés. 

De ser sostenido, este secuestro sanguíneo lleva a una reducción de la precarga y retorno sanguíneo a las cámaras derechas del corazón, haciendo caer el gasto cardíaco y llevando al  shock con la consiguiente disminución de la perfusión cerebral (presión que causa el flujo de sangre al cerebro) e hipoxia tisular (disminución del aporte de oxígeno a un tejido), ocasionando  la pérdida de conciencia que puede progresar hasta la muerte. 

Si lo anterior se origina por la posición sostenida de pie (forma más frecuente de Shock Ortostático), en el momento en que el trabajador pierde la conciencia y colapsa, se torna horizontal, por lo que el flujo sanguíneo y el gasto cardíaco mejoran, haciendo que la persona presente una rápida recuperación; por el contrario, cuando un trabajador que está suspendido en un arnés colapsa, el efecto ortostatico de su verticalidad persiste y se ve agravado por la inmovilidad completa, el daño evoluciona pudiendo generar la muerte durante la suspensión o tras el rescate.

Operaciones de rescate/descenso

Los procedimientos de alturas con planificación y seguridad adecuadas NO están exentos de una caída, los equipos pueden fallar, los trabajadores cometer errores operativos, las condiciones climáticas cambiar o simplemente presentarse riesgos que pasaron inadvertidos o se subvaloraron. 

La razón por la que un rescate planeado por personas capacitadas es tan importante, es porque cualquier trabajador suspendido de un arnés está en riesgo de morir. A menudo pensamos en esta práctica como una simple cuestión de marcar a las líneas de emergencia; si es así, no se cuenta con un proceso eficaz de rescate. No obstante, los tiempos de respuesta de los organismos de socorro pueden ser demasiado largos, por ello, un plan de este tipo en las empresas es un componente esencial del procedimiento de trabajo en alturas y debe ser contemplado antes de iniciar la labor. 
 
 
Su ausencia después de la caída, no sólo pone en peligro al trabajador, sino también a sus compañeros; intentos no planeados de rescate a menudo resultan en lesiones o muertes colaterales. Por esta razón, es indispensable la formación y entrenamiento de los trabajadores, brigadistas y organismos de  socorro, así como también establecer procedimientos y protocolos de actuación claros.

El plan de rescate debe contar con una respuesta interna y externa, en el componente interno ha de tener en cuenta a los trabajadores regulares de alturas y a la brigada de emergencias, debidamente entrenada para este fin, además de un inventario de recursos disponible para el rescate y primeros auxilios en la escena; el componente externo constará de listados telefónicos de emergencias asequible en el sitio, ubicación exacta del frente de trabajo  accidentado, así como  de medios de comunicación.

Las técnicas y equipos de rescate interno deben basarse en prácticas industriales y no entrenar con equipos complejos o de “armar”, en condiciones de estrés se facilita la materialización de condiciones inseguras como accidentes, por lo tanto, los equipos deben ser simples, efectivos, confiables y plenamente conocidos por sus operadores; además, han de intentarse todas las técnicas de autorescate y rescate asistido por la victima, como mover las piernas (de no ser posible, mantener las rodillas dobladas), apoyarse en escaleras, etc.

Estabilización y traslado 

Existe la creencia, ampliamente difundida en el medio de la APH (Atención Prehospitalaria) de que la rápida remoción y horizontalización de la víctima suspendida por un arnés es peligrosa, se piensa que la sobrecarga de volumen en el ventrículo derecho podría generar actividad arritmogénica debido al agudo estiramiento mecánico del miocardio, lo que se conoce como muerte del rescate; aun así no existe evidencia científica de ello, la literatura no ha arrojado evidencia de una causa de muerte post descendimiento diferente a la evolución  natural del shock ortostático; tampoco hay evidencia de que la horizontalización de la victima desencadene una avalancha de sustancias bioquímicas toxicas, subproductos de la compresión  de la extremidad. 

La posición óptima para la estabilización del paciente inconsciente es la horizontal, cualquier otra es un obstáculo para el control óptimo de las funciones vitales así como para implementar las técnicas básicas de soporte; las víctimas conscientes requieren medidas menos agresivas de inmovilización y control (a menos que existan factores de riesgo de lesión grave) estos deben manejarse más discrecionalmente.

Como hemos podido evidenciar, afirmaciones del tipo “los procedimientos bien planificados y ejecutados son suficientes para evitar la materialización de una caída” o “el peligro de muerte desaparece cuando el arnés detiene la caída”, son mitos que deben desvirtuarse; el riesgo para el trabajador sigue latente bajo características diferentes, de allí que ciertas medidas como elaborar guías y estándares de procedimientos operativos para el rescate de víctimas suspendidas; garantizar la capacitación del personal que los llevará a cabo; verificar que todo frente de trabajo en alturas cuente con un plan de rescate en el que no haya trabajadores laborando solos y dar prioridad al descenso sobre la estabilización de la víctima, sean de vital importancia para garantizar la vida del trabajador, tan sólo ocho minutos pueden hacer la diferencia. 
 
Por: Por: Iván Arboleda con la revisión de Cástulo Rodríguez.
 
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