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Antes luchábamos por sobrevivir y nos enfrentábamos a diversos depredadores, como osos o serpientes, hoy luchamos por subsistir a problemas económicos, sobrecarga de trabajo, exceso de tráfico… Y como resultado, nos enfrentamos a un mismo fenómeno: el estrés, ese que no desaparece, ese que afecta directamente nuestra salud.
 
El estrés, proveniente de la palabra griega stringere, que significa provocar tensión, es una enfermedad que afecta diversas partes del cuerpo y produce alteraciones de diferente orden, estas son sus manifestaciones más comunes en órganos y sistemas:
 

Cabeza

 
Dolor: la civilización occidental se ha caracterizado por ser en extremo racional y por otorgar un enorme poder a los pensamientos, decisiones y desarrollos “lógicos” alrededor de un problema. Cuando aparecen las preocupaciones constantes (primer signo de que un individuo puede estar desarrollando una condición de tensión laboral) y es imposible sacarlas de la cabeza, una de las primeras somatizaciones va directo a éste órgano, muchas veces en forma de migrañas o dolores muy intensos, que no ceden fácilmente con analgésicos comunes y que producen síntomas adyacentes como náuseas y vómitos.
 
 
 
Accidente cerebrovascular: el estrés es la respuesta instintiva del cuerpo ante cualquier situación que se entienda como amenazante, si ésta se prolonga en el tiempo y vuelve cotidiana, es posible empezar a desarrollar hipertensión arterial, un estado que puede predisponer a un accidente cerebrovascular, si es que hay condiciones asociadas como arterioesclerosis o niveles altos de colesterol.
 

Estómago

 
Aunque la sicología y la siquiatría modernas hayan dado un desmedido valor al papel del cerebro en todo trastorno de ánimo, en la antigüedad, se consideraba que el órgano “responsable” de las emociones era el estómago, y no hace falta demasiado rigor para entenderlo: éstas se sienten a menudo en el tórax, sean positivas o negativas. Ante el temor, el corazón late más rápido, las glándulas suprarrenales (también ubicadas en el tórax) empiezan a producir adrenalina, y el sistema digestivo a generar diferentes secreciones que, a largo plazo, pueden producir desde gastritis hasta úlceras. El estado de tensión constante en este órgano y el desarrollo de síntomas como ardor en la boca del estómago, irritación del colón (manifestada en diarreas frecuentes) o sensación de dureza, son algunas de las dolencias comunes de quienes padecen de estrés, que también puede predisponer a la aparición de úlceras gastroduodenales, náuseas, reflujo y mareos.
 
 

Corazón

 
Este órgano, cuya función a lo largo de la vida es oxigenar la sangre y bombearla a todas las partes del cuerpo, es uno de los que responde con mayor rapidez la tensión. Una mínima alteración del ánimo produce un bombeo acelerado. Uno de los síntomas más frecuentes de un estado de ánimo alterado es la sensación de palpitaciones, descritas como la conciencia incómoda del sonido del propio latido; o la taquicardia, un ritmo cardíaco por encima del normal. También puede experimentarse dolor precordial e hipertensión, que pueden ser el caldo de cultivo de otras afecciones cardíacas, como por ejemplo un infarto, si es que existen otros factores de riesgo asociados (tabaquismo, alcoholismo, sedentarismo).
 
¿Qué sigue a la falta de sueño? Un gran cansancio físico, que si se prolonga durante al menos una semana puede predisponerlo a caer en estado de depresión o ansiedad, el rendimiento corporal decae en todo sentido y disminuye notablemente la concentración y creatividad.
 

Recomendaciones para una vida más placentera

 
¿Cómo evitar que el estrés domine su vida? ¿Cómo llevar una vida más tranquila y relajada?
 
En su trabajo
 
  1. No se sobrecargue de tareas ni asuma más labores de las que puede, gran parte del éxito en la gestión de una vida tranquila es saber tasar las propias fuerzas, no busque impresionar a los demás ni demostrarse a sí mismo cuán capaz es, pues el resultado de todo esto puede ser una dura crisis nerviosa. Recuperarse de esta puede costarle mucho tiempo, dinero y tranquilidad.

  2. Hablar ante la incomodidad es siempre una gran idea. ¿Siente que tiene una carga laboral excesiva o que lo está exponiendo a mucho estrés? Cuénteles a sus superiores, a los encargados del departamento de recursos humanos y trate de encontrar soluciones. ¿No hay soluciones? Entonces reconsidere su permanencia en ese cargo, recuerde: lo más importante de su vida es su tranquilidad y su salud.

  3. ¿Sabe de otras personas que hayan pasado por situaciones similares? Pregúnteles cómo lograron superarlo y ponga en práctica sus recomendaciones, no subestime la experiencia ajena.

  4. Controle sus emociones, sobre todo cuando sienta que  se está cometiendo una injusticia. Si ese es su sentir, lo mejor que puede hacer es exponer la situación, plantear de forma concreta los problemas y proponer soluciones. También es importante que al plantear un asunto intente demostrar que no es algo que lo afecta exclusivamente a usted, sino que pone en riesgo a todo el equipo. Esto potenciará el trabajo grupal y el mantenimiento de buenas relaciones con sus compañeros.

Fuera del trabajo
 
  1. Lleve una vida sana, con una nutrición equilibrada, duerma un número de horas suficiente (por lo menos siete) y haga ejercicio físico con regularidad. No abuse del café, el tabaco, el alcohol y otros estimulantes con los que se trate de sobrellevar las crisis personales.

  2. Mantenga unas relaciones interpersonales satisfactorias, comparta sus emociones con amigos y familiares.

  3. No se acostumbre a creer que si no está trabajando todo el tiempo usted no tiene valor. Dedique una parte de la jornada laboral a relajarse, recuerde que el trabajo no es su vida entera  y que ésta se extiende mucho más allá de su oficina.

¿Se ha preguntado en qué medida el estrés es el resultado de poner demasiadas cargas, a veces innecesarias sobre sus hombros?
 
Hay muchas maneras de bajar el estrés, entre ellas el Humor es muy importante. Poder reírse en forma frecuente ayuda a bajar el estrés, te invitamos a ver esta parodia que tiene una duración de sólo 1 minuto y medio. No te lo pierdas.
 
 
 
 
Vivimos en un mundo en el que a menudo nos interesa más impresionar a otros que estar tranquilos. La felicidad, al menos la que el consumismo ha construido en torno a una enorme cantidad de imágenes publicitarias, parece consistir en un un éxito sobre todo material: tener suficiente dinero para tener un buen carro (o varios); vivir en un lugar lujoso; poder pagar caras pensiones a nuestros hijos; viajar; comprar nuestra ropa en los almacenes de los grandes diseñadores; tener varios títulos universitarios; comer en lujosos restaurantes; ser reconocidos por nuestros compañeros; tener un gran cargo en una renombrada empresa.
 
Y es que la publicidad siempre nos enseña los rostros sonrientes, pero nunca nos cuenta cuánto de su tranquilidad y bienestar, en términos de salud física y emocional, les puede costar este éxito a muchas de las personas con las que nos cruzamos a diario. El trabajo es quizás el ámbito humano al que más dedican tiempo los adultos y es por eso que es necesario poner en práctica muchas buenas y sanas costumbres para que lo que ocurre allí adentro no eche raíces en todas las facetas de nuestra vida y acabe consumiéndola, como esos árboles estranguladores que se aferran al tronco de otros y acaban matándolos. 
 
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